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La leyenda de Sant Jordi en Catalunya

Cuenta la leyenda que Sant Jordi fue un caballero valiente y mártir. Es el gran héroe de la gesta caballeresca de Sant Jordi y el Dragón. Muchos son quienes sitúan Capadocia como lugar donde ocurrió, sin embargo aquí en Catalunya y desde hace siglos es en el pueblo de Montblanch (Tarragona) de donde se conoce y narra.

Lo que sí es cierto es que a día de hoy y desde 1456 Sant Jordi es el patrón de Catalunya y cada año el 23 de abril todo el territorio se convierte en un baile de rosas y libros.

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Siguiendo con la leyenda y ubicados en Montblanch, se dice que en esta aldea habitaba un monstruo feroz y terrible, con habilidades sobre la tierra como sobre el agua. De aliento tan maloliente que llegaba a contaminar a otras aldeas cercanas e incluso había quienes morían al respirarlo. El Dragón tenía atemorizados al ganado y a los habitantes del lugar.

Ante este miedo, por decisión unánime resolvieron mantener al dragón lejos de los animales y de las personas mediante la ofrenda de un ser aleatorio cada día. Con semejante menú diario, el Dragón ya no causaba terror en la aldea. Aun así, a qué precio, pensaban todos.

Llegó un día, después de que muchos otros inocentes habían sido arrojados a las garras del monstruo, en qué el azar quiso que la joven y bella hija del rey saliera elegida.

El rey, aun conociendo sus deberes como tal, en un acto de debilidad por su hija le propuso a ésta que se marchara de Montblanch. La princesa, que amaba a la vida y a su padre por encima de todo, se opuso a esa idea y convenció al rey que su destino, al igual que el de otros tantos, era ser devorada por el Dragón y seguir así con esa tranquilidad tan costosa de la aldea.

Para sorpresa del rey y de su hija, esa misma mañana recibieron la visita de muchos aldeanos quienes se ofrecían para sustituir a la princesa y entregarse al Dragón. Esta vez, fue el rey severo e inexorable quien reivindicó la igualdad de todos ante el azar.

Luego, la decisión estaba tomada y la joven y bella princesa salió del palacio camino a las afueras de Montblanch hacia el cubil del Dragón. Mientras tanto, todos los vecinos se echaban a las calles y miraban desconsolados y alicaídos desde la muralla la procesión de la princesa hacia el sacrificio.

Cuando ya estaba fuera de los dominios de Montblanch, apareció al frente un joven caballero, cabalgando en un caballo blanco, y con una armadura dorada y reluciente.

La doncella, aun estremecida por la aparición, hizo señas al joven para que huyera. Éste se acercó más. Ahora, princesa y caballero se encontraban a escasos metros uno delante del otro. Fue entonces cuando ella le suplicó que se fuera, que por ahí cerca dormía un ser monstruoso y que iba a ser ella quien lo iba a calmar hoy ofreciéndose a sus afilados dientes.

El apuesto caballero no quiso escucharla, la cogió del brazo y le dijo:

– No temáis bella princesa. He venido para combatir al monstruo, para matarlo y liberaros del sacrificio, así como a la ciudad de Montblanch del azote del Dragón.

En ese momento, el monstruo salió. Gran horror para la doncella y gran gozo para el caballero, quién lo acometió y de una lanzada lo malhirió. Aquel caballero era Sant Jordi. Y la magia ocurrió. La bestia cayó atravesada por el hierro afilado y de la sangre derramada hasta la tierra nació un rosal que florecía con profusión.sjordi cos

El caballero Sant Jordi arrancó una rosa y se la entregó a la joven y bella princesa, sellando así su amor por ella y su fidelidad al pueblo y al rey de Montblanch.

El suyo fue un gesto desinteresado y valiente que cambió la historia del pueblo y dio nacimiento a nuestra leyenda. En Catalunya surge entonces la costumbre regalar una rosa a la persona amada. Y más tarde, se convertiría en tradición regalar un libro la mujer al amado, en celebración de la muerte de Cervantes y Shakespeare un 23 de abril.

Sant Jordi, patrón de Catalunya desde el pasado, se convirtió en símbolo del territorio catalán con la Renaixença, movimiento político y cultural que recuperó los signos de identidad patriótica.

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